Que magnifica tormenta!
Los relámpagos iluminaron los edificios, los truenos resonaban por todas partes!
Y contemplé esa soberbia expresión de la naturaleza desde mi balcón, con calor y un cigarrillo en la mano.
La tormenta de anoche le lavó la cara a esta ciudad acalorada, este verano porteño de 40º C que hace que me convierta en la empleada más aplicada: no quiero abandonar la oficina, doy vueltas para evitar ese infierno que es la calle y la luna me sorprende en el escritorio.
Dios bendiga al inventor del aire acondicionado!
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