No me dí cuenta de cuándo habia empezado el cambio.
No lo noté, encerrada en mis laberintos mentales.
Tal vez porque todo me parecía un cuento o una novela.
Tu panza se fue redondeando con el correr de los meses.
Pequeños movimientos decían "Presente, aquí estoy!"
y yo miraba por la ventana o hacía películas o me enredaba en mis cosas.
¿En que momento lo aprendiste, querida?
¿En cuál de todas las lunas te cambió la mirada?
¿Desde qué instante tuviste la certeza de que ser madre implicaba esos detalles, esa atención infatigable, ese amor que desborda tus ojazosy baña a tu hija, hoy en tus brazos?
Querida, querida hermanita:
Que desafío inmenso el de traer a la vida a esta beba, trocito de luna
Que maravilla tenerla en brazos, sentir su calorcito, recibir su olor en mi nariz
y que amor éste el que lo inunda todo.
Y todo lo sana y todo lo cura
Más allá de la falta de Justicia
y de las vueltas de la vida...
Hoy le cambié los pañales a tu hija.
Hace 19 años, alguna vez, cambie tus pañales.
La vida. Una rueda mágica...
Benditas sean, mis amores
Que Dios me las proteja siempre

2 comentarios:
qué dulzura, cómo sana y reconcilia con el mundo un niño o una niña pequeñita y frágil, más que un retiro espiritual o un rito religioso o un viaje o toda la sabiduría del mundo.
besitos y clavo y canela para la portadora de la pequeña gran felicidad
Es verdad, campesina! Este milagrito del nacimiento, de la nueva vida, reconcilia el alma...
Gracias por tus palabras (las de aqui y las de tu espacio, que con tanto cariño recorro)
Un abrazo grande!
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