"Ellos son dos por error, que la noche corrige"afirma Galeano
Gracias a la noche entonces.
Los besos más maravillosos me los ha dado por la noche el hombre que me ama.
Así me demuestra su amor, con abrazos y caricias… y me lo dice bajito, al oído.
Pero también puedo ver el amor en sus ojos, su amor enredado, un poco brusco, su amor protector, dividido, que me llena de alegría, de interrogantes, de esperanzas, su amor que desborda sin embargos ...
Y yo… yo no digo nada. Lo que siento no es necesario ponerlo en palabras. No siempre. Es un repique en el corazón. Es el toque de las mariposas en mi panza. Es la cosquilla de una sonrisa que me estira la cara. Es a veces un laberinto, complicado y con nada de juego...
Yo no dije nada. Me he acostumbrado a gritarlo en silencio: tengo un coro de mujeres, las de mi interior, que llenan el aire de suspiros y de esas dos palabras, repitiéndolas en las calles, en el colectivo, en el teléfono.
Está en mí como la madera en el palito, como dice Gelman, desde que me levanto hasta que apoyo la cabeza en la almohada.
Es el mismo hilo de siempre, ése que a veces tira debajo de mi seno izquierdo, ése que está tejido a él, desde hace ya un tiempo.
Gracias a Dios por la noche... y por las correcciones
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