
La tan mentada palabra me recorre una y otra vez.
Hasta hace unos días, me debatía entre a donde hacer el picnic: si en el rio con sus aguas transparentes y sus peces oscuros o en el bosque con aromas y sus pájaros chillones...
Hasta hace unos días, me debatía entre a donde hacer el picnic: si en el rio con sus aguas transparentes y sus peces oscuros o en el bosque con aromas y sus pájaros chillones...
Giró al rueda mágica una vez mas. Es la mano del destino. Una mano desconocida que hace que la cabeza de tantas vueltas como esa rueda...
Hoy me debato entre un sueño y una pesadilla.
Está todo bien, está todo bajo control: una máscara se superpone a mi rostro y esconde un poco de miedo y de ansiedad. Soy mujer y eso basta.
Soy fuerte y autosuficiente. El peñón, la piedra filosofal, soy el timonel. Sosténganse, yo puedo. Mis espaldas engañan! No son pequeñas sino inmensas, poderosas. Y a veces...
A veces basta que se inunde la cocina para sentir que el mundo es injusto. Soy eso también, mujer plomero-mujer cloaca.
A veces mi esfuerzo sacando las manchas de la bañera es puro y sagrado. Y casi ese acto (el de refregar el paño contra la loza) es igual a limpiar los pecados del mundo, de todo el mundo, menos los míos.
Otras veces siento que estoy parada, paradita ahí, en un pie, haciendo equilibrio, meciéndome entre el resto de los mortales.
Y me sostienen palabras, una voz, un gesto y mis ganas de no perder lo último que queda de cordura.

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